El sacramento del matrimonio (para quien lo quiera)
1.-
Debo de tener fiebre, quizá esté incubando algún virus. O tal vez sea que me he vuelto loco y ya no distingo. El caso es que estoy en parte de acuerdo con el artículo que ayer publicó Salvador Sostres en El Mundo. Sí, el mismo Sostres que insultó a Labordeta tras su muerte, el mismo que en Telemadrid elogió as vaginas de las chicas de 17 años. No me gusta estar de acuerdo con este señor (ni si quiera me gusta leerle) pero anoche @lfaci se refirió a él en un tweet y me picó la curiosidad.
Ayer Sostres escribió:
Si dos hombres o dos mujeres quieren vivir juntos es su problema. Pero que no intenten entrar a caballo en la Iglesia, que no intenten que la Iglesia se adapte a ellos, porque la Iglesia es lo que es y tienen derecho a serlo.
No sé si la ley de los matrimonios homosexuales es o no es constitucional, sí que sé que “matrimonio” y “homosexual” es un oxímoron, dicho sea esto con todo el respeto a la condición sexual de cada cual y al derecho de todo el mundo a vivir su vida como quiera, sin tener que dar explicaciones a nadie.
Hace un año hubiera estado en desacuerdo con estas afirmaciones. Nunca me ha gustado la Iglesia (ninguna iglesia) y en diversas ocasiones he criticado su machismo, su homofobia, su odio a la ciencia y, en fin, su anacronismo. Hoy pienso lo mismo, pero desde diferente ángulo. Me explico.
Este verano tuve la oportunidad de ser padrino en el bautizo del hijo de unos amigos. Como parte integrante de la ceremonia, me tocó asistir a una reunión pre-bautizo. El cura era un hombre joven, inteligente y con mucho sentido del humor. Después de hablar unos minutos del ritual, nos animó a criticar a la Iglesia. ¿Qué pensábamos de ella? La madre del niño dijo que no le gustaba la posición de la Iglesia sobre el matrimonio homosexual y la respuesta del cura me hizo pensar.
Argumentaba el cura que el matrimonio es, antes que nada, un sacramento (uno de los 7). El cristianismo entiende que un sacramento es un signo eficaz de transmitir al hombre la gracia de Dios y producir su salvación. El matrimonio, entonces, es un ritual netamente religioso. Aquellos creyentes que quieran recibir la gracia divina, pueden utilizarlo. A los no creyentes, en teoría, nos debería importar muy poco (igual que nos importa poco a confirmación o la penitencia).
Lo que sucede es que durante siglos se ha identificado este sacramento con la unión de dos personas que se aman y quieren unir sus vidas, sus rentas… Tanto se ha identificado que no existe un nombre adecuado a la unión civil (matrimonio civil es una contradicción en sus términos).
El cura del bautizo no era homófobo, de hecho tenía muchos amigos homosexuales. Estaba también a favor de que dos hombres o dos mujeres pudieran vivir juntos y disfrutar de los mismos derechos y deberes que un hombre y una mujer. Pero consideraba que aquello no era un matrimonio. La unión de dos hombres o dos mujeres no es un sacramento. Los homosexuales que quieran recibir la gracia divina tienen otras 6 formas; nadie les veta su entrada en el Cielo.
Algo muy parecido a la conocida frase de Rajoy, cuando dijo estar a favor de las uniones entre personas del mismo sexo, “pero que no lo llamen matrimonio”.
2.-
Como digo, el problema viene de esta identificación entre unión y sacramento. El problema viene de que la Iglesia ha tenido demasiada influencia durante siglos. También hace años todos los niños eran bautizados, también entonces se identificaba la elección de su nombre con este sacramento. Hoy ya no. Quien quiere, bautiza a su hijo; pero también es posible añadir su nombre al Registro Civil sin pasar por la iglesia. Lo mismo habría que hacer con el matrimonio.
Necesitamos una nueva palabra para la unión de aquellas personas que quieren compartir su vida pero no quieren recibir el sacramento. Por ahora utilizamos “casarse por el juzgado” o “matrimonio civil”. Pero estos términos todavía tienen reminiscencias religiosas. Considero que la religión debería ser un asunto privado y la Iglesia ejercer las funciones que le corresponden como organización no gubernamental; defiendo, por tanto, alejar a la Iglesia de la vida pública.
¿Cuántas parejas reciben el sacramento del matrimonio por costumbre? ¿Cuántas realmente son cristianos y entienden el significado teológico del matrimonio? Del mismo modo que hoy sólo van a la iglesia los verdaderos creyentes (13%), lo deseable sería que sólo éstos se casasen. Hoy por hoy, la Iglesia recibe su fuerza de muchos no creyentes, o de muchos creyentes por costumbre. Demasiados padres bautizan a sus hijos por seguir la tradición (63%); demasiadas parejas pasan por el altar por agradar a sus abuelos o “porque es bonito” (73%). Sólo si los verdaderos creyentes acuden a la iglesia podremos ver lo débil que está.
En el fondo, sin buscarlo, los ateos y los creyentes no practicantes (creyentes por costumbre) fortalecemos a la Iglesia al utilizarla de forma errónea. Pero claro, la Conferencia Episcopal no nos saca de nuestro error: pecunia non olet.
Hay que generalizar la unión civil y dejar atrás el matrimonio. Hay que poner a la Iglesia Católica en el lugar que le corresponde. Igual que hoy los colegios públicos no están a cargo de los curas, tampoco las uniones deberían estarlo. Un país es más libre cuanto mas débiles son los tentáculos de su Iglesia. La batalla será dura, hay mucho dinero y poder en juego. Pero es necesario librarla, y ganarla.
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¿Qué pensáis al respecto? El sacramento del matrimonio (para quien lo quiera) por @viajeroaitaca: http://t.co/98lCEIFy vía @politicarcade
Disiento.
Lo que hay que terminar es con la relevancia jurídica del matrimonio. Si quieres compartir tu vida con otra persona, es asunto absolutamente privado entre ambos. El Estado no tiene por qué entrar en ello, para el Estado son dos ciudadanos. ¿Qué comparten el mismo domicilio? Puede ser porque sean compañeros de piso o porque forniquen todo el día, el Estado no tiene que entrar a dilucidar sobre ello.
¿Que quieres celebrar una ceremonia? Pues adelante, por el rito católico, musulmán o balinés. Se trata de religión, y ahí el Estado ni pincha ni corta.
Los hijos son nuevos ciudadanos, que recibirán la protección del Estado cuando el/los padres la soliciten por no poderse hacer cargo (o mejor, independientemente de que la soliciten, generalizar esta ayuda para que tener un hijo no suponga un quebranto económico para las familias más pobres).
El matrimonio ha tenido siempre una dimensión social: anunciar a la comunidad que dos personas inician una vida en común. Pero actualmente, cuando la gente se casa lleva ya años conviviendo, y ya todo el mundo sabe que están juntos.
Así pues: borrar los registros matrimoniales, porque al Estado no le importa la vida afectivo-sexual de sus ciudadanos. Y también los datos de sexo. Soy un ciudadano, y al Estado no le incumbe qué hay bajo mi bragueta.
Pues no lo había pensado. Aunque creo que el post es muy interesante la pregunta que arroja Mendigo también lo es. ¿Es necesario un registro de las uniones sentimentales o sexuales de la gente? Yo creo que disiento con ambos.
Por un lado creo que Mendigo tiene razón en cuanto a que no debería existir algo así. Y por otro creo que me inclino más por el post. Pero cuando lo pienso detenidamente se me ocurre otra cosa. Normalmente ocurre (y con nuestro contexto todavía más) que una persona en la pareja (generalmente la mujer) se encarga del hogar y la otra persona del trabajo. ¿Qué ocurre entonces con esto? ¿No debe haber una unión legal para que la persona que sacrifica su vida en pos del hogar (y los hijos) tenga una cobertura legal? Ya nos gustaría que no fuese así y hay que luchar porque no lo sea con todas nuestras fuerzas, pero siempre ocurre que una de las dos personas se sacrifica (a ella y a su futuro) por una relación y si esta se rompe puede quedar desamparada. No tengo claro en absoluto mi postura sobre este tema que me pilla a nuevas, pero creo que con este pequeño apunte abro otra vía para pensar el tema.
¿Debería existir alguna formula legal para “asegurar” la convivencia en pareja? Esa es mi duda.
PD: ¿Se nota mucho que estoy de exámenes en lo espeso de mi escritura? jaja
Hay quien pide un sueldo por ser ama de casa. Es algo parecido a lo que propones. De todas formas, con o sin papeles la convivencia nunca será fácil
Esta tarde un amigo me decía algo parecido. Yo no soy partidario de borrar registros pero sí quizá de simplificar el proceso.
El sacramento del matrimonio (para quien lo quiera)
http://t.co/oqcSJg6Y
¿Debe llamarse matrimonio? ¿Debe existir la figura legal del matrimonio/unión civil? Ha surgido un interesante debate: http://t.co/cnEm3vQB
“Es que es un sacramento”, no me parece una excusa válida. Lo que hay debajo de esa expresión es “el matrimonio es nuestro”. Y no lo es. El matrimonio depreda con mucho a la religión católica y aparece en fuentes literarias e históricas previas: es una forma legal necesaria de organización social, por muchos tintes religiosos que se le quieran dar.
Sería otro debate, si ha existido alguna civilización que permitiera las uniones gays, raíces históricas, etcétera (con cuyos argumentos también me costaría estar de acuerdo: el sufragio femenino, por ejemplo, tampoco tiene “tradición” o precedentes). Pero que no pueda ser matrimonio porque uno de los ritos de una organización irracional se llame igual, lo siento pero no me parece válido. Porque no les pertenece: el matrimonio mesopotámico también tuvo dos milenios de recorrido y era igual de sagrado, imperecedero y emanado de la verdad religiosa. Y ahí está. Es un decir.
Tengan en cuenta que, según la iglesia, las uniones civiles entre un hombre y una mujer tampoco son matrimonio y tampoco deberían llamarse así. Y que su sacramento es a perpetuidad, digan lo que digan las leyes.
Tenemos derecho (como ciudadanos, digo, yo soy heterosexual y todavía espero una ley que iguale los derechos de una pareja de hecho a los de un matrimonio) a replantear la palabra, sus usos y sus formas legales, y la Iglesia que diga lo que le dé la gana: porque todos sus argumentos, todos, son los mismos que ya usaron cuando la ley del divorcio. Anda que no le duele perder el control de la legitimidad social.
Perdón por el doble post, me faltaba la respuesta a Mendigo:
es necesario regular de alguna manera esas uniones por un simple ejemplo civil que se ha dado bastante, las herencias: si uno de los cónyuges muere sin testar y la unión no está registrada de forma legal, todo va a la familia directa (consanguínea) del fallecido. Como periodista he vivido casos directos de gente desahuciada de la casa que tuvo con su pareja porque el piso sólo estaba a nombre del fallecido. Ni derechos extra, como viudedad, reconocimiento de potestad sobre posibles hijos adoptados, etcétera.
Hay muchísimos temas que modernizar y tratar en ese campo, pero es necesario algún tipo de regulación. En cuanto al sexo, mientras la sanidad sea pública -o incluso si no lo fuera-, el estado sí necesita saber alguna estimación estadística de cuántos ginecólogos o cuántos urólogos hacen falta, por poner un ejemplo. O las empresas de cuántas maquinillas y tampones pueden vender en un mercado: incluso desde el punto de vista más liberal, no se sostiene la ausencia de un censo sin sexo y edades. ¿Cómo sabríamos si hay problemas de desempleo femenino al que aplicar políticas?
Muy buenas aportaciones. La verdad es que no estaba yo muy al tanto de esto del matrimonio y entre todos me estais dando una clase magistral -aparte del hecho de recordarme que no estoy formado en este tema, a comprar libros se ha dicho-.
¡Saludos!